miércoles, septiembre 28

¿Ha muerto la "Sola Scriptura"?


Las iglesias evangélicas se apresuran a celebrar por todo lo alto el quinto centenario de la Reforma Protestante. Quinientos años desde que Martín Lutero colgara sus 95 tesis en la iglesia del Palacio de Witteberg para insistir en que la salvación humana no se podía comprar, que no había que pagar ningún precio a nadie, ni al mismo Papa, y que vana era la confianza de quienes compraban “indulgencias” para ganar la salvación. Todavía era demasiado pronto para que al monje agustino se le pudiera ocurrir una tesis 96 en la que se aclarase que tampoco las personas LGTBI tenían que pagar el precio del celibato o la heterosexualidad fingida, que la heterosexualidad no era la última “indulgencia” para lograr la salvación.  Aunque la tesis 96 no es necesaria, porque aunque la heterosexualidad les parezca a muchos el preciado bien que las iglesias deben vender y proteger, Lutero dejó claro en su tesis 62 que “El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios”.

jueves, agosto 25

Dentro del armario no hay cristianismo


Todavía me sorprende que a día de hoy los evangélicos lgtbi de mi país vivan mayoritariamente armarizados y se “dejen” maltratar psicológicamente por los discursos fundamentalistas que encuentran en sus iglesias y sus familias evangélicas. Me parece tan repugnante a veces el maltrato al que son sometidos que me cuesta entender porqué el fuego, que según la leyenda cayó sobre Sodoma, no cae de forma real sobre esas iglesias y esas familias y las hace desaparecer para siempre. Es que es patético ver como se humilla a la gente y se la hace sufrir de manera tan cruel mientras se canta y predica el amor de Jesús. ¡Que pandilla de hipócritas!

miércoles, agosto 17

Entre el luto y la alegría



Me ha impresionado la forma en la que Lorca habla sobre la represión en su obra: “La casa de Bernarda Alba”. Una represión que describe en forma de mujer; Cinco hermanas que, tras la muerte de su padre, son condenadas por Bernarda, la madre, a vivir encerradas en casa durante ocho años y a vestir de un negro riguroso: “En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haremos cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas” Y es que como afirma  Bernarda: “Eso tiene ser mujer”. (1)

martes, agosto 2

Marginar al Dios heterosexual



Creo que fue Dietrich Bonhoeffer quien hace unos ochenta años dijo que nuestra sociedad había enviado a Dios a los márgenes. Si durante miles de años el Dios que explicaba lo inexplicable ocupaba el centro del mundo, a medida que los seres humanos fuimos encontrando respuestas racionales para comprendernos a nosotros mismos y nuestro entono, Dios dejó de ocupar ese lugar central y su existencia se reveló como un comodín al que apelar en caso de desconocimiento. Quizás es por eso que ignorancia y fe van tan de la mano en el imaginario colectivo de nuestra sociedad. No hace falta decir que en estos ochenta años se ha dado alguna vuelta de tuerca más a esto de la marginación de la divinidad, y en una sociedad que prima el aquí y el ahora, eso de las preguntas últimas en las que vive encarcelado el Dios comodín parecen una verdadera pérdida de tiempo. Así que el Dios omnipotente que todo lo abarcaba ha quedado más o menos reducido a la nada, o más bien a la casi nada, porque en muchas ocasiones el cristianismo sigue empecinado en vender un Dios tapa agujeros que resbala en el alma de quien no se deja agujerear por preguntas que ya no se hace, pero que cala en la de aquellas y aquellos que, por un poquito de amor y de interés, son capaces de preguntarse lo que haga falta.


jueves, julio 21

Los besos de las mantis religiosas


Mientras comía este mediodía con mis dos amigos David y Toni pensaba en lo afortunado que soy de tener amigos heterosexuales como ellos que me aceptan. Es cierto que hace unos años no lo hacían, bueno, supongo que sí que lo querían hacer, porque ellos siempre han sido muy progres y han estado a la vanguardia del cristianismo liberal, pero no era cuestión de enfrentarse al mundo entero por una cosa tan poco relevante como una orientación sexual. Como ellos me decían entonces: “Tú haz lo que quieras, pero no hace falta que se entere todo el mundo, al fin y al cabo lo que haces en tu cama no es asunto de nadie”.  Actualmente han cambiado de opinión, y ponen en las estanterías de su biblioteca los libros de temática homosexual cristiana que antes tenían en su mesilla de noche. Además nos invitan a mi marido, a mis hijas y a mí, a que asistamos a su iglesia para que quede bien claro que son inclusivos y tolerantes, y de paso, llenar los bancos cada vez más vacíos de sus iglesias.